Aquel día de otoño y aún de lluvia intensa, así entre mis manos un libro que reposaba gentilmente sobre el escritorio antiguo de una librería -muy concurrida por esos tiempos- y leí una frase que me colmó de gratificación con el autor: "Jovencito, dentro de esta piedra hay un ángel atrapado, y voy a liberarlo”; voz pronunciada, según la leyenda, por Miguel Ángel, respondiendo a la inquietante cuestión de un niño que demandaba saber por qué pulía con tanto esmero el bloque de mármol que se convertiría en el David.
Esa frase mística, me llamaba a descubrir el proceso de creación de tan sublime pieza del genio artístico.
Fue entonces cuando, al compás de la caída de las hojas doradas, marrones y escarlatas, comencé a ver transparencias a mi alrededor, si, transparencias, gente con un disfraz llamado cuerpo, pero que en el fondo manifestaba un espectro similar al de una obra de arte. Algunos eran esculturas, otros eran bellas partituras que encerraban el misterio de la música, otros eran vivos y brillantes lienzos con pasajes diversos.
Al regresar de aquella ilusión, me vino a la mente Juliancito, un tierno niño de escasos 5 años, quien desde hacía algunos meses asistía por las noches en casa de su abuelo. Las razones para no desear estar en su real seno familiar en los horarios mencionados, hasta el momento eran desconocidas, incluso para el mismo Juliancito, quien al ser inquirido respecto a las razones por las cuales decidía abandonar su hogar, desviaba la mirada con un gesto que mezclaba tristeza y duda, en cambio, buscaba en otro hogar el calor que parecía no recibir de sus padres... Así transcurrieron algunos días otoñales hasta que llegó el invierno, cuando la ausencia nocturna del jovencito tenía realmente consternada a su madre, quien aseguraba desconocer la causa de la conducta de su hijo. ¿Sería así como un niño gritaba con su actitud la aparente ausencia de amor y atención, y que en última instancia esos gestos ahora se desviaban sin retorno hacia el compañero recién nacido?
Las flores constituyen una herramienta útil que acompañan a modo de guardián a los pequeños, quienes seguramente podrán enfrentar los cambios continuos propios de la edad, pero que también necesitan un medio que les regale equilibrio y que les ayude a reaccionar de manera ecuánime y evitar que el chico se vuelva demasiado temeroso, demasiado retraído, y “demasiado” en cuestión de emociones que pueden perturbar su crecimiento.
Ambas labores, materna y paterna gestan la calidad del mármol, del lienzo o de la orquesta con que se tejerá la obra de arte que encierran sus hijos. En esta obra ejercen su labor diversos y muy variados artistas. Artistas de la talla del Amor, a artistas de la estirpe del miedo; todos ellos importantes en la obra, pero no por ello fáciles de complacer. Y esto me recuerda uno de los más distintivos legados del Dr. Bach que nos incitaba a no permitir las interferencias en nuestra vida, ni interferir en la vida de los demás.
En el caso de los niños, podría ser casi imposible renunciar a la interferencia e influencia de las almas adultas –incluyendo en ocasiones la repercusión nociva de los medios de comunicación-. Y por ello, resulta interesante también dotar a las figuras principales en el artificio de engendrar una obra de arte, de medios que les permitan cincelar con la mejor estrategia a sus nobles vástagos.
Sería interesante tratar sobre todos los trances y problemas de conducta infantiles desde esta perspectiva. La Terapia Floral tiene mucho que ofrecer al respecto, y no por ello se ha de considerar el único engrane de toda la maquinaria que se requerirá para ayudar a emerger el ángel guardado, sino que es un complemento a cualquier tratamiento clínico, que buscará más allá de todo, las causas que están generando la conducta inapropiada a edades infantiles.
Vista desde la perspectiva artística, la terapia floral puede ser uno más de los cinceles que se adjudiquen la labor de participación artística que han venido realizando tantas personas a lo largo del corto recorrido –en apariencia- del alma en cuestión. Serán ellos, los remedios florales, quienes complementen la labor de los padres en lo referente a transmitir mensajes que no precisamente son del orden verbal infantil, sino que llegan sin palabras a la conciencia del pequeño.
Ahora bien, ¿qué pasa cuando el ángel interior que vive en el niño se esconde por miedo, o por angustia, o por ansiedad? De alguna manera intentará rebasar los límites y sucumbirá al intento de permanecer encerrado. Qué mejor que este ángel tenga a su alcance herramientas tan sencillas y simples que las bellas maravillas que encubre la terapia floral, pues si este ángel es labrado también por suaves y dulces caramelos –el manso rocío floral-, ese ángel saldrá a la luz con la belleza y la fuerza que se le aprecia al David –por seguir con el ejemplo-.
Y más allá de todo, la tarea floral no consiste en tratar al pequeño como un adulto chiquito, sino por el contrario, tratar realmente a un ser dotado de millones de facultades propias de su época, dormidas y en espera por despertar, cuando la madurez fruto de la educación y el establecimiento de vínculos finalmente cedan; pero no antes, ni después, sino cuando el ángel esté listo a salir a la superficie.
Porque a final de cuentas los chicos son criaturitas necesitadas de amor y de dulces flores, cuando en su desarrollo pueda encontrar situaciones que de pronto les representen obstáculos más que beneficios.
Y entonces concurrimos en que Las esencias florales brindan a los niños una serie de beneficios muy concretos. En primer lugar, sanan las heridas de amor que inevitablemente suceden durante los primeros tiempos de vida. A veces hubo rechazos, abandonos pero en la mayoría de los casos se trata de situaciones mas relacionadas con el simple hecho de que la madre pueda tener algún problema, estar deprimida, pasar por un mal momento personal, estar enferma y el bebé vive estas circunstancias como carencia de amor o abandono. En segundo lugar, las esencias florales son eficaces remedios para la etapa escolar para ayudar al niño a sanar comportamientos que puedan afectar sus rendimientos escolares. También ayudan a la prevención de conflictos emocionales propios de la edad. Pero una de las áreas de mayor acción es la promoción de talentos, dones y carismas que el niño tiene pero que por variadas causas están dormidos.
De tal modo, concluyendo en un breve recorrido por las 7 Bellas Artes, las esencias florales pueden actuar como lo hace un bolígrafo, la gracia, las notas, la brocha, el cincel, los instrumentos arquitectónicos y los artefactos del cineasta, para ayudar a dejar emerger al ángel interior que todo niño lleva dentro.
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